Día de la Bandera, día de luchas

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Foto: Conecta Noticias, Sector San Pablo Mirador.

Día 84 de cuarentena. Desde hace días la catástrofe y el dolor ronda por el país. La preocupación agobia a cada familia porque el virus castiga, y no solo a la salud sino a la economía de los que trabajan (o trabajaron) al día.

Dicen que en aquella bandera encontramos como una especie de unidad, de fuerza, de lucha, de coraje, de casi todo lo que hace falta. Hoy, probablemente, veamos más banderas blancas y no la tradicional blanquirroja porque las condiciones ya son insostenibles. Los alimentos se acabaron, la plata desapareció, el ahorro se acabó, el capital del negocio se esfumó y hasta casi que las fuerzas parecen agotarse. Todo un Morro de Arica por delante a cruzar.

Pero, como sabemos, el peruano siempre le busca o trata de sacarle la vuelta a algo antes que la pena los mire de reojo siquiera. Durante esta última semana hemos visto que vecinos de Manchay se organizan para poder enfrentar al hambre y la enfermedad mediante las ollas comunes y, en algunos casos, tratan de refundar un comedor popular para así poder asistir a las familias más vulnerables. “Juntamos entre todo lo que nos queda y preparamos una sopita”, nos dijeron.

Pachacámac consta de aproximadamente 270 mil habitantes y la pobreza o pobreza extrema golpea más fuerte porque las canastas estatales no fueron suficientes. Las empresas privadas han socorrido varios sectores por estos días, las organizaciones sociales han hecho lo mismo y la Iglesia ha jugado un papel importante en este apoyo mutuo. Habrán personas que quieran ganar rédito político a través de de estas acciones, quizá. Habrán empresas o funcionarios que se aprovechen de esta situación para especular, engañar o estafar, quizá. Habrán de todo, pero solo el tiempo y la historia los juzgará.

La necesidad ha conllevado a que muchas familias salgan a trabajar o a cambiar de rubro con tal de llevar algo a casa. Van contra la normativa y lo saben. Van contra su salud y lo saben. Van contra el Estado y lo saben. “¿Qué más nos queda hacer, señorita?, tengo tres hijos en casa y ya no tengo plata. No tengo bono ni nada”, dijo una señora ambulante el otro día en televisión. Pues es cierto, las variables numéricas muchas veces están lejos de la cuestión humanitaria y esto conlleva una desesperación y polarización.

Hoy se conmemoran 140 años de la batalla de Arica, hoy también es el Día de la Bandera. Podemos, quizá, recordar con sabor agridulce lo que fuimos y lo que pudimos hacer  para evitar estos oscuros días desde el aspecto político, económico y social, pero es un poco tarde para los lamentos. Si antes fuimos derrotados en una guerra porque no contábamos con las condiciones, hoy parece ser lo mismo, pero bajar la guardia sería de cobardes. Echar la culpa y morir en eso tampoco ayuda, ahora es cuando necesitamos de todos y trabajar al unísono para que el dolor pueda pasar pronto es lo que nos queda.

Pareciera que el virus encarnara a Juan de la Cruz (emisario chileno) diciéndonos que nos rindamos sin la necesidad de seguir fulminando a nuestros parientes. A nosotros solo nos queda decirles que tenemos deberes sagrados que cumplir y lo haremos hasta el último día de cuarentena porque en esta lucha no solo están los médicos y militares sino todos a una sola fuerza como aquel 5 de junio de 1880.

Por: César Cahuana.